DR-CAFTA Tratado de Libre Comercio de las Américas

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lunes, julio 17, 2006

Dejemos detrás la piratería

Hay un enredado debate sobre “la obligatoriedad de la presentación de pruebas sobre datos no divulgados sobre medicamentos y productos farmacéuticos”. La frase confunde, y más porque se trata del último obstáculo a la entrada en vigencia del tratado de libre comercio con Estados Unidos y América Central, conocido como DR-CAFTA.

Estados Unidos exige que República Dominicana se comprometa a exigir a las empresas farmacéuticas que expliquen a las autoridades, para poder recibir de estas los permisos correspondientes para comercializar sus productos, cuáles pruebas, con humanos o animales, han sido realizadas con medicinas, para probar su eficacia y seguridad. Quizás debería darnos vergüenza que los americanos exijan algo que aparentemente sólo beneficia al consumidor dominicano.

Varias empresas farmacéuticas criollas se oponen virulentamente a esto, alegando que esa exigencia acarrearía dificultades que las llevarían a la quiebra.

Arguyen esto porque esa industria criolla depende mayormente de importar sustancias genéricas, fabricadas en países donde el respeto a las patentes de invención es muy laxo o inexistente.

Difícilmente los industriales farmacéuticos criollos quiebren, pero sí se les hará más difícil alcanzar proezas tales como colocar en el mercado criollo sucedáneos de patentizados antes de que llegue el producto original.

Hay denuncias de irregularidades en el registro de las patentes. Pero abusos anteriores no justifican que se permita, como recompensa, la piratería industrial. Los mismos argumentos de que ésta beneficia al consumidor pudieran usarse para defender la piratería de música grabada, de libros o de “software”, y por eso no dejaría de ser ilegal e inmoral.

La industria farmacéutica criolla ha realizado importantes aportes al desarrollo nacional y merece todo el apoyo legítimo del gobierno y el público. Produce miles de productos que son mayoría en este mercado, genéricos o patentizados, y compite exitosamente contra gigantes industriales multinacionales.

Pero en el caso actual, su interés particular no coincide con el interés nacional, y utilizar argumentos emotivos o tácticas de terror (como propalar la falsa noción de que las medicinas subirían un 300% sin decir cómo ni por qué) no alterarán el hecho de que el DR-CAFTA debe arrancar y que la exigencia norteamericana beneficiará a la mayoría de los dominicanos.

El país está cansado de que cada vez que algún interés particular es afectado por situaciones como el nuevo clima de negocios que resulta de tratados como el DR-CAFTA, el griterío pretenda elevar, por el mero nivel de sus decibelios, a un asunto de alta política o de Estado lo que en buen sentido común, y quizás en buen derecho también, no es más que la correcta ordenación de una situación irregular.

La falta de claridad en este debate se debe a que de alguna manera hay que enredar el asunto, porque debe resultar muy duro salir a decir que uno quiere protección del Estado para una actividad industrial que, en muchos casos, incluye el aprovechamiento ilegítimo de propiedad intelectual ajena, o de moléculas patentizadas, cuyas copias o sustitutos siempre serán más baratas porque quienes las fabrican no invirtieron ni un chele en desarrollarlas.

Es demagógico erigirse en paladín de los pobres cuando al final del día la industria criolla es tan o más rentable que la extranjera.


José Báez Guerrero
elcaribecdn.com