DR-CAFTA Tratado de Libre Comercio de las Américas

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sábado, julio 01, 2006

¿Es el CAFTA-RD el final del camino?



Los países centroamericanos han implementado una amplia gama de reformas comerciales unilaterales y regionales desde finales de los años ochenta. Se han rebajado los impuestos al comercio y la mayoría de las barreras no-arancelarias han sido eliminadas. Los acuerdos regionales se han revitalizado y los países han buscado la expansión de mercados para sus productos mediante negociaciones de acuerdos lilaterales de libre comercio. Las preferencias de la CBI, otorgadas por EE.UU., también han abierto oportunidades importantes, especialmente en el desarrollo de la industria de maquila.

Sin embargo, estos importantes avances en política comercial han traído consigo resultados económicos mixtos. Por un lado, los volúmenes de exportación han aumentado y ha habido un cierto grado de diversificación, como demuestra la aparición de nuevos productos de exportación (tales como el gran crecimiento de exportaciones de textiles en la mayoría de los países, y de productos de alta tecnología en Costa Rica). Estos desarrollos son positivos, porque, entre otras consideraciones, los sectores de exportación ofrecen mejores salarios y mejores condiciones laborales, en comparación con otras áreas de la economía. A la vez, aunque el comercio ha aportado mucho al crecimiento de Centroamérica desde 1990, su impacto no ha sido suficiente como para elevar los índices de desarrollo agregado y transformar las economías de estos países, así como para reducir rápidamente los índices de pobreza; las oportunidades comerciales por sí mismas tampoco han servido para compensar algunos obstáculos más estructurales al progreso económico en centroamérica, tales como los rezagos en infraestructura, educación y gobernabilidad, así como las debilidades en algunos de los países en el área de gestión fiscal y del sector financiero.

Más allá de todo esto, las nuevas industrias de maquilas cuentan solamente con grados limitados de integración con las economías locales, mientras que las perspectivas futuras de las exportaciones de textiles continúan siendo frágiles debido al crecimiento de la competencia en Asia. Aunque la diversificación de las exportaciones de
los países centroamericanos ha aumentado, esto es un reflejo parcial de las tendencias negativas durante el período, como el declive o el estancamiento de exportaciones de productos tradicionales, tales como algodón, café y banano. Irónicamente, aunque Honduras ha sido el país que ha logrado el mayor grado de apertura económica en
relación a su nivel de ingresos, también es el país con el récord de menor crecimiento en Centroamérica desde principios de los años noventa.


¿A qué se deben estos resultados mixtos?

Como indicamos anteriormente, la política comercial no es el único determinante de los resultados en materia de flujos de comercio o del crecimiento económico; persisten obstáculos importantes que limitan el crecimiento de las exportaciones y la diversificación comercial en las naciones centroamericanas, incluyendo una infraestructura deficiente, las debilidades en las capacidades de la mano de obra, inflexibilidades de la normatividad en ciertos sectores, barreras comerciales en algunos mercados, deficiencias en algunos temas de gobernabilidad (v.gr., corrupción, ineficiencias en aduanas), e insuficiencias en las áreas macro-fiscales y de mercados
financieros.



No cabe duda que el CAFTA-RD es una oportunidad muy positiva que llega después de más de década y media de aplicación de reformas económicas en Centroamérica, particularmente en el área de comercio. Este tratado ofrece una oportunidad crítica para potenciar procesos de crecimiento económico jalonados por el comercio. Pero no debe considerarse una solución mágica a los problemas económicos de la región.

En su aspecto positivo, tiene el potencial de convertirse en una herramienta más útil que la combinación de políticas que se ha visto hasta ahora -eliminación unilateral de barreras y preferencias comerciales en EE.UU.- ya que garantiza un acceso a largo plazo a los mercados del socio comercial más grande, además de consolidar las reformas de años recientes, incrementando su credibilidad y atrayendo inversiones. Sin embargo, no se puede esperar que el CAFTA-RD por sí solo desencadene niveles radicalmente más altos de comercio y crecimiento, por las mismas razones por las que las políticas comerciales desde principios de los años noventa obtuvieron resultados limitados. Los países tendrán que acompañar la ejecución del CAFTA-RD con una agenda complementaria de políticas e inversiones para responder a las restricciones y los obstáculos más apremiantes, y poder así gozar de mejores resultados sociales y económicos con esta iniciativa.